Divide & Conquer

Divide & Conquer  - Madeleine Urban, Abigail Roux Si habéis seguido de cerca las aventuras de Ty y Zane desde el principio os aseguro de antemano que este libro os encantará. Las autoras han decidido hacernos sufrir y eso es lo que hacemos, sufrir. Pero también consiguen que nos riamos a carcajadas y lo más importante, que nos emocionemos. Su ritmo dinámico y su habitual sentido del humor siguen siendo la tónica y el sello de su escritura.

Ahora están en un nivel de su relación en el cual Ty y Zane han conseguido un equilibro aún frágil pero que trae la promesa de algo duradero. Como en episodios previos, miran a la Muerte a la cara varias veces, se enfrentan a muchas verdades sin resolver, a muchos secretos sin contar. Decisiones, declaraciones, miedos hechos realidad.

Abrimos el libro comenzando con un escenario típico de sus vidas: gimnasio y trabajo de oficina en el FBI. Ambos necesitan un poco de acción y el ambiente general parece estar dispuesto a dárselo: la ciudad de Baltimore está sumida en el caos. Los disturbios continuos y el levantamiento de la población ante la incapacidad de restaurar el orden público son el principal problema del Bureau, y a medida que pasan los días se levantan más quejas y disputas. Como las autoridades competentes no consiguen reestablecer el equilibro normal por los medios convencionales, deciden dar pan y circo a los habitantes organizando varias actividades bastante curiosas. Entonces, Ty y Zane deben “colaborar”, ya que, según las palabras de su jefe, son “agentes modelos”, es decir, son guapos y atractivos, y por ello les reparte unas tareas extra a la altura de sus “capacidades”... Es decir, más obligaciones, menos tiempo juntos. Y cuando inesperadamente aparecen avisos de bombas y se organizan robos de bancos, de repente se convierten en los héroes de la prensa... y se colocan en el punto de mira de los ataques terroristas... Su causa para con el FBI se transforma en una odisea personal para evitar acabar con un pase directo a la morgue. Ya no sé decir la cantidad de veces que han estado a punto de morir los dos, sobre todo Ty, que es un imán para los desastres y el peligro.

Su relación ha evolucionado respecto del libro anterior. Hay más confianza, más apoyo mutuo y más colaboración de cada una de las partes para llevar la relación a buen puerto. Sin embargo, ésta se encuentra en un desequilibrio muy evidente: Ty le ha confesado sus sentimientos a Zane. Y Zane reaccionó, como mínimo, de forma anticlimática. Y eso a Ty le afecta enormemente aunque lo oculta a los ojos de su compañero con su fachada de tipo duro, como si le resbalase su actitud. Aún así, no se arrepiente de su instante de arrojo y valentía. Zane no estaba preparado para oír su declaración de amor, pero estuvo dispuesto a seguir adelante con él. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, Ty se pregunta si podrá aguantar mucho más el status quo que se ha establecido, en el cual es él quien se ha desnudado ante su amante, mientras que Zane aún no ha conseguido quitarse la máscara que oculta cada una de sus emociones. Esta situación inevitablemente causa un dolor insoportable a ambos: a Ty porque siente que no confía en él. A Zane, porque necesita descubrirse ante Ty y no consigue hacerlo.

“Quería a Ty con él, le necesitaba desesperadamente. Le necesitaba como compañero y no sólo en el trabajo. Lo anhelaba como amante más de lo que nunca ansió la heroína. Conectaba con él de tantas maneras que Zane no veía la forma de liberarse y ni siquiera quería intentarlo”.

Zane por fin asimila y acepta sus sentimientos por Ty, lo que, en vez de resultar un alivio, le llena de miedo e incertidumbre. El vértigo que siente ante el descubrimiento de la verdad no es menos terrorífico que el temor de perder a Ty si no consigue mostrarse a él tal y como es. Y el hecho de saber que ama a Ty es una revelación liberadora pero, al mismo tiempo, escalofriante. Me encantó la escena, como si estuviera suspendida en el tiempo, en que Zane mira a Ty en la distancia, entonces Ty se gira para verle y, en ese momento, lo sabe.

“Amaba a Ty Grady con todo su corazón, y al final, todo lo que había necesitado era un guiño para por fin asumirlo”.

Hay que comprender que Zane tiene un modo de actuar muy distinto al de Ty. No sólo en el trabajo que les depara el día a día en la oficina y en el campo, sino también en su vida personal. Ty se guía por el instinto, por indicios sin lógica ni orden aparente, por una palpitación inesperada o por el buen olfato ante las personas o las situaciones. Ty es más directo, percibe y sabe. Zane, en cambio, estudia cada gesto y cada instante desde todos los ángulos, piensa mucho en las posibilidades y en las razones antes de decidirse por un camino o por el otro, y su manera de interpretar los distintos factores es lenta y exhaustiva. Tan lenta y exhaustiva es que Ty se da cuenta de lo que siente y piensa antes que él mismo. Sabe que Zane le quiere porque su cuerpo y sus gestos le traicionan. Pero le duele ver que Zane necesite tanto tiempo para aclarar su mente y su corazón, le duele que tarde tanto en abrirse a él y que, inconscientemente, le haga daño en el proceso. Pero está dispuesto a esperar lo que haga falta.

“Ellos no conocían a Zane como él. Ty sabía que su compañero tenía que tomar el asunto desde todos los ángulos, analizarlo hasta la muerte, resucitarlo, y después estudiar su cuerpo putrefacto y sin vida para ver los resultados. Sí, le podría llevar a Zane cuatro meses para decidir si amaba a alguien, y después más para decidir si eso era una buena idea.

A Ty no le importaba esperar.”

Es por ello que en este libro tenemos más momentos dramáticos, más escenas que roban el aliento, tanto en el buen sentido como en el malo. Pasan de la más exultante alegría a la más honda tristeza, de cero a cien en un segundo. En su camino se interponen muchos obstáculos que ambos deben resolver, y reunir valor y enfrentarse a lo que se interpone entre ellos y que les impide lograr la felicidad. Luchar por lo que merece la pena. Renunciar a aquello que intenta arrebatársela. Y el enemigo no está fuera sino dentro de cada uno. Ty le está tendiendo la mano a Zane en todo momento y cuando éste se da cuenta de que está ahí, tiene miedo de reaccionar, y permanece en una especie de limbo, como si estuviera entre dos mundos distintos y excluyentes. Pero el día de la decisión se acerca y tendrá que escoger. Escoger ser vulnerable. Escoger ser feliz.

Ambos ocultan su relación al resto del mundo debido a la política de no fraternización del FBI. Si quieren seguir trabajando juntos, tendrán que mantenerlo en secreto. Así que en público son compañeros de trabajo que se guardan las espaldas el uno al otro, restringiendo el contacto físico y visual cuanto sea posible para evitar sospechas. Aunque cada vez se hace más difícil engañar al resto del mundo. Por ahora el único aliado que tienen es Deuce, el hermano de Ty, pero en un futuro cercano tendrán que plantearse descubrir su relación a sus círculos más cercanos y a sus familias.

Uno de los episodios más importantes es la entrada en escena de los amigos Marines de Ty. Tenemos entonces la oportunidad de verle en su hábitat natural, con sus antiguos compañeros de fatigas. Presenciamos una faceta más de Ty que se preveía en libros anteriores pero que no conocíamos del todo. Nos dan unas cuantas risas al verle en su ambiente, con colegas con un carácter parecido al suyo, pero al mismo tiempo destacándole como un ser único e irrepetible. Y tendremos el honor de dar la bienvenida a un nuevo personaje, vital en el pasado de Ty: su mejor amigo Nick, que será el responsable de algún que otro drama durante la serie.

Ty no es tan estable y asentado en la realidad como quiere hacernos creer. Tiene sus propios demonios en su interior, pero es lo suficientemente fuerte para enfrentarlos por su cuenta. Piensa en Zane antes que en sí mismo y eso me causa una gran admiración y ternura por este personaje. Sin embargo, las apariencias engañan y las cosas no son lo que parecen ser. En realidad necesita a Zane más de lo que deja entrever. Le quiere consigo, pero su actitud le duele. Zane no ha conseguido bajar las barreras que ha tenido levantadas toda su vida y no es consciente del daño que le produce a Ty con esa fachada de mármol. Me encantan los dos personajes y no encuentro a una pareja más perfecta para cada uno de ellos, pero tengo que decir que Ty me gusta más. Ty coge el toro por los cuernos, sabe lo que quiere y cómo lo quiere, sabe que es posible y que merece la pena luchar por ello. Es sincero y honesto consigo mismo, y con los demás no se anda con mentiras porque no es lo correcto y porque no está en su carácter. Pero también tiene secretos que todavía no se ha atrevido a confesar. Los guarda en lo más profundo de su mente y Zane no imagina cuán dolorosos son algunos de ellos.

Zane, sin embargo, va siempre a un paso por detrás de Ty. Es una ironía porque siendo Ty el que ama a Zane y que además se ha declarado, debería estar en desventaja. Pero no es así. Zane ha sufrido mucho desde que perdió a su mujer, Becky. Desde entonces, permaneció sumergido en drogas y alcohol y parecía un muerto en vida. No le importaba su bienestar ni su persona. Hasta que llegó Ty, y a él si le importaba, y le afectaba mucho que Zane no se valorase y que se tratase de esa manera. Ty le salvó la vida, en más de un sentido. Le dio una razón para seguir adelante, para poner un pie por delante del otro, le dio risas y apoyo. Ty es su brújula, le indicó el camino que debía seguir cuando estaba perdido, y le marca la dirección a la que debe dirigirse cuando por fin se ha encontrado.

Con cada libro que pasa, encuentro una nueva dimensión en los protagonistas. Se te meten bajo la piel. Su relación pasa por situaciones que se podrían tachar de artificiales e insustanciales. Pero realmente tienen algo detrás de ellas, algo que les da volumen y forma y que consiguen que te enganchen de una manera tal que no quieres soltarlos. Reconozco que no fue amor a primera vista. El primero me gustó, sí. Pero no me atrapó. “Pero mi ángel cayó, igual que yo caí, en cada vicio que me descubría...”, así que tuve que seguir, con el siguiente y el siguiente... hasta el infinito y más allá.