El Desafio

El Desafio - Colleen McCullough Empecé el libro porque me lo recomendaron en un foro, en un post que puse preguntando por recomendaciones, y bueno, salió éste como uno de ellos. Lo cierto es que me sorprendió, porque Colleen McCullough es la escritora de una famosísima serie de la Antigua Roma y no esperaba que le diese por la romántica, sentí curiosidad. Tenía buena pinta la trama, aunque no esperaba una historia de amor tan bonita. Primero lo comencé con cautela, no sabía cómo iba a ir la cosa y luego simplemente lo devoré. Es sencillamente maravilloso.

La protagonista es Elizabeth, una joven escocesa que ha recibido una estricta educación presbiteriana bajo la tutela de su padre, al que teme desde que tiene memoria. Es una muchacha de cultura pobre y de imaginación limitada, no concibe otro mundo más allá de la ciudad y los campos donde vive. Un buen día, su padre recibe una carta de Alexander Kinross, primo de Elizabeth, pidiendo la mano de su hija. Debido a la tentadora oferta de una gran suma de dinero, el padre acepta el trato y manda a Elizabeth a Australia, donde Alexander ha construido un imperio gracias a una inmensa fortuna.

Sin haber visto siquiera a su futuro esposo, y enfrentándose a un largo viaje bordeando la costa de África y el Cabo de Buena Esperanza para llegar a Sydney, Elizabeth se despide de su tierra para siempre jamás pensando en el futuro que la aguarda en otro continente, donde no sabe lo que encontrará pero espera poder conseguir la felicidad.

Cuando conoce a Alexander Kinross, pronto lo identifica con el demonio y desde el principio le teme y respeta. Él tiene veinte años más que ella, rozando los cuarenta, para empezar. Es un hombre de mundo, la codicia y la hipocresía no le son ajenos y enfrenta a quien le lanza una mirada despectiva con otra de desafío. Ella es una niña, no ha ido más allá de su casa y mucho menos se ha relacionado con la gente en fiestas o reuniones. Alexander la mete de lleno en ese mundo de la burguesía y la alta sociedad, sin tener en cuenta sus miedos y temores. Él bien podría haber enamorado a Elizabeth: es rico, culto, atractivo, inteligente… pero también es un prepotente y arrogante de cuidado. Cuando recoge a Elizabeth en el puerto de Sydney no tiene en cuenta sus raíces y prácticamente nada más llegar contraen nupcias. Desde el primer instante su matrimonio estaba condenado al fracaso. Elizabeth, horrorizada, no puede más que aceptar con resignación su destino y pronto empieza a odiar las noches compartidas con su marido. Ella adopta una indiferencia tal que, junto con su natural reserva, va poco a poco aislándola del mundo.

Alexander Kinross es un hombre que ha tenido que abrirse su propio camino en la vida. Al saber que no era hijo del que hasta entonces consideraba su padre, huye de casa y decide arreglárselas por su cuenta. Se enfrenta a una existencia dura, de miseria y trabajo. Es un peón más entre tantos jóvenes sin hogar en medio de la Revolución Industrial, entre el carbón y el calor de las máquinas. Pero él no es como los demás, es inteligente, tiene ideas propias e iniciativa para emprender tareas difíciles, pronto hace planes para el futuro. Desde Gran Bretaña se embarca a EEUU donde hace fortuna con la retardada fiebre del oro y emprende su viaje por Europa, conociendo culturas muy distintas a la suya, siguiendo el camino de su mentor: Alejandro Magno. Finalmente, después de varios años, llega a Australia, para ese momento ya es un importante ingeniero, y con su acertada economía, pronto se construye un nombre en las colonias de Gales del Sur.

Al cabo de unas semanas, se trasladan a Kinross, un pueblo fundado por Alexander donde se encuentran unos grandes yacimientos de varios tipos de mineral. A través de un viaje laborioso, donde el tren apenas estaba en uso, debido a una circulación muy básica y a las vías que apenas alcanzaban un puñado de ciudades, llegan por fin a la gran mansión en una empinada colina que será el escenario principal de la historia. Allí Elizabeth se instala, organiza la casa, recibe sus clases de piano y se culturiza, ése es su reino y su mundo. Tiene total libertad para moverse por las habitaciones… pero tiene prohibido bajar al pueblo.

El misterio queda resuelto un poco más tarde: Alexander tiene una amante, Ruby, en el hotel de la ciudad y no quiere que se entere. De todas formas Elizabeth lo descubre pero, lejos de odiar a la “rival”, nada más conocerla se hacen grandes amigas, irritando de esa manera a Alexander, pues ya le hiere la indiferencia de su esposa en lo que a él se refiere.

A partir de ese momento se establece un ménage à trois entre Alexander, Elizabeth y Ruby, con el consentimiento de las tres partes, por supuesto. Alexander realmente ama a Ruby, pero también quiere a Elizabeth. Elizabeth es fría, indiferente e impenetrable, seria y ajena a todo lo que la rodea. Ruby es cálida, divertida y sin pelos en la lengua, que servirá de “pegamento” entre los tres, es la que mantiene la situación bajo control. Fue una mujer de vida alegre, por decirlo de alguna manera, y tenía un burdel en una ciudad minera de Australia. Conoció a Alexander mucho antes de que Elizabeth entrase en sus vidas y él la sacó de la miseria en que vivía, bueno, no vivía tan mal, porque Ruby es una mujer muy lista y se las apaña en todo caso. Lo que sí hace es ofrecerle un negocio decente y la posibilidad de educar a su hijo, cuyo padre es chino. Ella le conoce, sabe cómo tratarlo, él la ama y sabe que ella también, se tienen confianza, y se siente a gusto en la presencia del otro.

Con Elizabeth es diferente, Alexander siente amor y desesperación hacia su mujer, y también un cierto reproche. Cuando ya es tarde se da cuenta de que en su día él tuvo una oportunidad, pero no supo aprovecharla, tomó todo de ella considerándolo suyo y no le devolvió nada importante, sólo cosas materiales que Elizabeth aceptaba como una obligación, interiormente despreciando a su marido.

La relación entre Elizabeth y Ruby es totalmente distinta, vemos a una Elizabeth más joven e inocente, que ríe y disfruta junto a la amante de su marido. Ruby, por otro lado, está preocupada y siente lástima por Elizabeth, porque sabe que no es feliz y tiene miedo de que nunca sepa lo que es el amor. Porque la ve frágil y sola en el mundo y porque cada vez se va cerrando más a las personas.

Poco tiempo después de la llegada a Kinross, Elizabeth tiene una hija, Nell, que habría de ser superdotada, salida precisamente de su padre, y Anna, muy hermosa y astuta, pero con una gran discapacidad. Ambas hermanas causan asombro, cada una por su lado. Las dos tienen sus propias historias, impresionante la de Nell, muy triste la de Anna.

La novela es un recorrido por la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo por Australia. Podríamos destacar los avances tecnológicos, las distintas políticas, crisis económicas y demás. Pero lo que a mí me resulta más curioso es la afluencia de orientales, inmigrantes chinos, mano de obra barata y discreta, un pueblo marginado pero necesario para la economía de las colonias de Australia. Hay muchos personajes chinos en la historia, la que más me impactó fue Jade, una joven de gran corazón y muy valerosa que se enfrentaría a su destino valientemente, sin titubear.

No sé cómo he podido pasar por alto a esta autora, escribe genial, y aunque a veces se enrolle con lo del colonialismo, la política, los problemas racistas y todo eso, es muy amena. Se nos muestra el estado de las universidades y las trabas que le ponían a la mujer, de estas partes disfruté mucho porque Nell arrasa allá por donde va. Esos detalles nos sirven para meternos en la época y en el lugar, que ya de por sí resulta lejano para nuestra pequeña península. Y va más allá; conocemos los avances tecnológicos, y digo esto porque resulta curioso leer sobre la dinamita, el corcho y el petróleo, novedades para el momento que tuvieron mucha repercusión; se habla sobre la India y demás colonias inglesas de Oriente Medio; pasamos por California y los estragos del oro y si vamos más atrás en el libro, a la Revolución Industrial británica. Pero sobre todo, conocemos a unos personajes variados y entrañables como pocos, de gran profundidad y un gran desarrollo psicológico que es una gozada, no penséis que aquí todo el mundo permanece igual a lo largo de la historia. Podría decirse que es una novela histórica en el estricto sentido de la palabra, excepto por un pequeño inconveniente: que, a pesar de que llegue más tarde y se haga de rogar, tiene una historia de amor preciosa y muy muy muy memorable.

Lo recomiendo al cien por cien.