La mujer del viajero en el tiempo

La mujer del viajero en el tiempo - Audrey Niffenegger “Por un mundo suficiente... y el tiempo.”

Ésta es una de las máximas que mencionan en el libro, y me parece una frase de lo más sencilla y con mucho significado. A lo largo de la historia, se es consciente de hasta qué punto tiene razón.

No se ha comentado mucho sobre él en el foro, y la verdad es que nunca lo hubiera comprado, tenía pocas referencias y desde luego, no las leía. Pero un buen día, visitando una web romántica de habla inglesa, vi un cartel de película muy sugerente. Me dije que la historia tenía que ser mínimamente interesante, lo suficiente, como para llevarla al cine. No sólo es cierto, sino que supera todas mis expectativas. Las lectoras a las que les gusten las novelas paranormales están de enhorabuena, no puedo sino dedicar halagos a este libro.

Clare y Henry no son una pareja normal, aunque traten de serlo. Lo suyo fue amor a primera vista... pero no a la vez, sino dos. Clare conoce a Henry cuando ésta tiene 6 años y él viaja a través del tiempo a su infancia. Desde entonces 152 veces se habían visto... hasta reencontrarse. Este reencuentro para Clare no lo fue para Henry, un Henry de 28 años que se topa con una joven que le llama por su nombre nada más verle y a la cual no recuerda. No la conoce, jamás la había visto. Pero en el futuro lo hará...

Henry sufre una extraña enfermedad que le hace cronodesplazarse sin control. No elige cómo ni cuándo, ni adónde ni en qué época. Llega siempre desnudo y sin medios al lugar de destino y tiene que apañárselas para sobrevivir al frío, al hambre y a cualquier clase de adversidad que se le ponga por delante, lo que pone en peligro su vida en numerosas ocasiones. Clare se preocupa por él cada vez que sucede, y le espera, espera a que vuelva, y reza, suplica para que esté sano y salvo, donde quiera que haya ido.

La vida de Henry antes de conocer a Clare era vacía y disoluta: su madre, famosa soprano de los años 60, murió en un accidente de tráfico cuando él era todavía un niño; su padre, alejado de su hijo desde entonces debido a los recuerdos y la nostalgia, no puede soportar permanecer con él, por lo que le falló el apoyo paterno en su infancia. Los viajes en el tiempo hacían difícil cualquier tipo de relación amorosa, por lo que sus aventuras con otras mujeres siempre estuvieron carentes de sentido... y su novia Ingrid, un romance difícil que traía muchos lamentos y penas. Las borracheras hasta la saturación, el deseo de olvidar, de desvanecerse... Justo cuando no podía caer más bajo, apenas el mismo día, se encuentra con Clare, y sin comerlo ni beberlo, consigue la primera cita con ella para esa noche. Allí empezó todo... para él.

Clare conoce a Henry desde siempre, encuentra al amor de su vida muy pronto y espera impaciente a que él aparezca como por arte de magia para pasar las horas con él. No revela la existencia de Henry a nadie de su familia, excepto a su abuela. Es su “secreto”. A medida que va creciendo, va sintiendo algo más que cariño por Henry y las cosas se vuelven cada vez un poco más complicadas. Pronto surgen los primeros besos y las primeras caricias, los abrazos y las citas de amor. A pesar de todo, Henry siempre trata de que la cosa no vaya más allá. Las circunstancias en que se encuentran también resultan difíciles para ella: la llegada de la adolescencia, el instituto, las amigas, los chicos, la familia... y esperando el momento en que se reencuentre con su futuro marido una vez más... Algunos encuentros te dejan con una sonrisa en el rostro: la inocencia de Clare, aunque con una nota pícara en su carácter; las ambigüedades de Henry al negarse a revelar lo que va a suceder; las conversaciones tan nimias que tienen unas veces, tan profundas otras, citas que son preciosas, citas que son conmovedoras; pero entre todo ello también hay momentos muy tristes o, sin saberlo muy bien, intuitivamente horribles.

Los viajes en el tiempo causan situaciones divertidas y desgarradoras por igual. Por un lado, está la ironía con que la autora escribe la historia, un humor que nos ayuda a sobrellevar la trama, que ya de por sí resulta dura. Por otra parte, está la crudeza de los escenarios y los problemas que tienen que sortear los protagonistas para conseguir la felicidad, las numerosas desapariciones de Henry, la manera en que éste trata de sobrevivir hasta regresar al presente, las conversaciones y encuentros consigo mismo o con su familia, la desesperada espera de Clare, las dudas sobre el futuro de ambos, las discusiones, la resignación, la esperanza, el vértigo ante lo desconocido... Y resultan curiosos y, sobre todo chocantes, algunos episodios de la pareja, totalmente inesperados, que te sorprenden en el momento menos oportuno...

También están las distintas relaciones entre los protagonistas. Hay numerosos lazos entre ellos: Clare niña-Henry adulto, Henry adulto-Henry niño, Henry adulto-Clare adulta, Henry pasado-Clare presente, Henry futuro-Clare presente... Cada una de ellas bajo un enfoque diferente, que nos permiten ver las distintas facetas de su relación. Hay un desorden evidente a lo largo de libro, sucesos que tienen que pasar más tarde ocurren en un momento dado inesperadamente. Esto puede parecer complicado, pero la autora resuelve el problema indicando las fechas y las edades de los protagonistas al principio de cada uno de los capítulos, resultando una mezcla de saltos temporales que podemos localizar fácilmente. No hay resquicios, todo está muy bien conectado, no hay incoherencias.

Los personajes secundarios son muy variados y variopintos: los amigos, la familia, los compañeros de trabajo... Mención aparte de la ex novia de Henry, Ingrid, una mujer bellísima pero con un futuro trágico que se prevee desde muy pronto. A Celia, una mujer de raza negra enamorada de Ingrid y con unas salidas increíbles. Y a Gómez, un hombre con ideas muy polémicas y puntos de vista muy particulares, con una total falta de sensibilidad para con los demás, que desde el principio se sabe que siente algo por Clare pero que no duda en casarse con otra mujer.

Decir que no os sorprendáis por la previsibilidad, es algo que la autora tiene perfectamente pensado. Desde casi la mitad del libro se sabe cómo acabará, pero esto no le quita sabor ni ansiedad a la historia, es más, la exacerba, la hace más profunda. Esa incertidumbre ante lo conocido me ha resultado extraña, pues en todo momento esperaba que la trama diese un giro completo y tomara otra dirección, pero en ningún momento me he sentido estafada por seguir el rumbo prefijado, lo cierto es que era algo inevitable.

Otra cosa que me gustó del libro es que muestra los pensamientos de ambos personajes, del hombre y de la mujer, de Henry y de Clare, vienen indicados también al principio de los párrafos correspondientes a cada uno de ellos. Están relatados en primera persona, conocemos en todo momento sus pensamientos más profundos, sus emociones más intensas, sus deseos más ocultos, sus dudas, sus penas, sus miedos...

“La mujer del viajero en el tiempo” es una de esas novelas en las que tienes que tener un pañuelo en la mano y un montón de horas por delante, aunque sean horas de sueño, porque no consigues separarte del libro hasta terminarlo. He vivido mucho con esta historia, me ha absorbido completamente, muy poco explícitas escenas hot pero con mucha carga emocional, el amor presente en cada una de las páginas, los inevitables golpes de la adversidad y las lágrimas que saltan a borbotones sin poder reprimirlas... me ha hecho llorar pero también me ha hecho reír. El ambiente es agridulce, no hay sentimentalismo ni conversaciones “pasteleras”. La trama empieza de un modo muy prometedor, pero no es una historia fácil y desde luego no todo sale bien. Sólo puedo decir en su defensa que es una historia de amor que merece la pena leer, al menos, una vez en la vida. El amor eterno a través del tiempo y de los tiempos, las primeras sensaciones revividas una y otra vez y una sencilla pero compleja trama que creó uno de los libros más bonitos y conmovedores que he leído nunca.