
Fish & Chips
Ty y Zane vuelven a la carga. Cuantos más obstáculos superan más cercanos nos resultan y más profundos se hacen sus sentimientos y más serio su compromiso en la relación… Sin embargo, eso no implica que sean cuidadosos con su compañero de trabajo, pues no tienen impedimento alguno de matarse a golpes en el ring del gimnasio.Pero antes de que realmente mueran bajo los puños del otro, el jefe aparece y les manda llamar a su despacho. Tienen una nueva misión. El alivio de saber que por fin dejarán el papeleo y el aburrido trabajo de oficina se desvanece cuando les explican su caso… tienen que hacerse pasar por un matrimonio gay que parece inmerso de lleno en el contrabando internacional de obras de arte.
“-Pero ambos tenéis experiencia en misiones encubiertas, y estoy seguro de que preferís besaros a recibir disparos- bromeó. Ty carraspeó y trató de contener una sonrisa. McCoy no tenía ni idea de cuán cierto estaba.”
En este volumen nos esperan muchas risas. Aquí encontramos muchos de los momentos más divertidos y graciosos de la saga, lo cual suaviza de algún modo los episodios difíciles que vivieron en el libro anterior y en éste, que también contiene muchas situaciones límite.
Primero: la caracterización. Ty acude a un centro de belleza y sale con un bronceado antinatural, totalmente depilado, con el tatuaje de Marine oculto y... con el pelo rubio platino. Además, tiene que imitar el acento inglés. Nada más verle, a Zane casi se le salen los ojos de las órbitas y en algún momento le dice que parece un Ken. Es muy gracioso ver cómo pone a prueba la paciencia de Ty llamándole “doll” y cómo Ty le sigue el rollo pero queriendo patearle al mismo tiempo. Ty cada vez está más frustrado con su papel pero sabe bien la importancia de guardar las apariencias y poner al mal tiempo buena cara. Zane recibe un cambio menos traumático, ya que su apariencia es similar a la de su personaje.
Segundo: el comportamiento de ambos. Se cambian las tornas en su relación para resultar más verídica al resto del mundo. Aunque ninguno de los dos se puede catalogar como pasivo, en la cama suele ser Ty el que lleva las riendas. Pero en esta ocasión, al ser Zane el “mafioso” y Ty el “muñeco”, también tienen que revertir su participación en lo personal. Ty se vuelve el “sumiso” en público y en privado, lo cual nos deja más de una escena memorable en la retina, y Zane se pone a cien de una manera totalmente justificada. ¿Cómo hacen para que se me caiga la baba página sí y página también? A este paso me estoy planteando leer los libros en la ducha, así causarían un desastre notablemente menor.
Tercero: la misión. Ambos tienen que permanecer dos semanas en un crucero de lujo, situación que a ninguno le resulta cómoda, pero es preciso arrimar el hombro y hacer como si todos esos excesos fueran el pan de cada día. Hay un momento brutal en el cual ambos se desesperan porque sus compañeros del FBI les meten muchos botes de lubricante en la maleta pero ningún condón. Qué risas me eché en algunos episodios. Nos encontramos con personajes que añaden acción a la trama y que a veces nos elevan las comisuras de la boca. Hay varios sospechosos con los cuales Zane tendrá que lidiar en los asuntos económicos y comerciales, el circunspecto turco Armen y el extrovertido matrimonio italiano de los Bianchi: Lorenzo y Norina. Esta última me ha parecido un personaje genial, el pobre Ty se ve acosado por su abierta personalidad pegándose a él en toda ocasión y hablándole en italiano, idioma que Ty no entiende en absoluto. Zane saca a relucir sus habilidades en los juegos de cartas, lo cual no sorprende del todo a Ty porque tiene una cara de póker infalible. Pero también tenemos más grupos secretos y espías dispersos que complican la trama de una manera tal que las vidas de ambos correrán un peligro constante, sobre todo la de Ty, que de forma inverosímil se ha convertido en el blanco de todos, pues supuestamente lo máximo que se espera de él es que esté todo el día dándose masajes o tomando el sol.
Ahora, mi parte favorita: Ty y Zane. Es más que evidente que ninguno de los dos es propenso a mostrar sus sentimientos y a compartir sus secretos, sus dudas o incertidumbres. Pero de alguna forma han aprendido a interpretar los gestos y las palabras del otro, lo que les hace más transparentes, más vulnerables. Ty resulta más fácil de leer para Zane, y ha aprendido que cuando no muestra emoción alguna en su semblante significa que Ty está tratando conscientemente de ocultarle algo. Al mismo tiempo, Zane es más opaco, más hermético, pero Ty ha logrado traspasar esa fachada y poco a poco entender lo que pasa por la mente de su compañero y amante. Por mucho que traten de disimular y poner barreras al otro, esto se hace cada vez más complicado al irse conociendo... y al oponer menos resistencia al acercamiento del contrario. Paulatinamente ese pulso inicial que trataba de vencer al adversario va transformándose y apuntando en una misma dirección y no en la opuesta, impulsando sus energías en el mismo sentido, para hacerse más fuertes pero también más indefensos ante el avance del otro.
La confianza crece y se asienta con más fuerza cada día que pasa, y ambos muestran una preocupación constante por la estabilidad y equilibro emocional del otro. Hay un momento muy duro en el cual Zane vuelve a caer en la bebida, rompiendo un poco el corazón de Ty. Esto desemboca en una escena muy bonita en la cual Ty le enseña cómo simular que bebe en público. La evidente consternación que siente Ty por el precario control de Zane de sus vicios desemboca en la determinación de Zane de reforzar su resistencia ante sus adicciones, para no volver a hacer daño a su amante y conseguir ser digno de él, ser lo que él necesita que sea, cambiar para estar a la altura de lo que Ty parece ver en él, lo cual, inexplicablemente, le parece de vital importancia.
Las escenas hot siguen siendo prodigiosas pero no lo digo en el sentido de morbosas u obsesivas, sino que cada vez son más bonitas, más intensas y emotivas. Se hacen cada vez más adictos la pasión visceral y elemental de hacer el amor y no sólo al alivio temporal que les aporta el sexo. Cada vez son más dependientes del otro y eso se refleja en sus momentos de cama. Van encontrando un equilibrio en el que ambos se encuentran a gusto pero que al mismo tiempo aportan y reciben lo que buscan, queriendo recibir más y más y queriendo de la misma manera llegar a las expectativas del amante, de la pareja. Es más que evidente que son almas gemelas, son cómplices y amigos, amantes y compañeros, se complementan de una forma completa y absoluta, se compenetran de un modo tal que roza la perfección. Se entienden, conectan entre sí y cada vez tratan de hacerse menos daño y de hacerse mayor bien mutuamente.
Ty... Ty Grady... Tengo que hacerle un homenaje a Ty. Aunque está lejos de ser una persona con la completa salud mental del mundo, está claro que es más valiente y más arrojado que Zane, es un amante más humilde y generoso, incondicional y verdadero. Se atreve a lanzarse al vacío… varias veces, sin saber lo que les espera cuando aterrice en la caída, pero sabiendo que el intento merece la pena. Necesita más de Zane pero lo que éste le proporciona por el momento le parece suficiente, y eso habla mucho y muy bien de él.
Zane, en cambio, es más inseguro, más asentado en el pasado, el cual no consigue superar. Se reprime y trata de protegerse, de esconderse, de fingir que el otro no significa para él tanto como realmente le siente en su vida y en su corazón. No hay más ciego que el que no quiere ver y aunque Zane se va preparando poco a poco para el momento de la verdad y sus sentimientos son fuertes, también son más confusos, y hasta que consigue darse cuenta de lo que realmente representan y además transformarlos en palabras, pasa por muchas pruebas, tanto propias de su ser como externas a su persona.
El desarrollo de una pareja en un libro es vital, necesitamos sentirlo y verlo y no solamente que la autora nos lo explique con palabras. Necesitamos ver ese acercamiento, ese derrumbe de barreras y esa mezcla de dolor y felicidad por la que suelen pasar los mejores héroes de romántica, y al mismo tiempo presenciar ese camino que conlleva inevitablemente a esa situación en la cual por fin deciden postrarse ante su pareja “mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar”, declarar sus sentimientos y servir su voluntad y sus deseos al otro.
Me estoy empezando a arrepentir de poner sólo un 9 a cada libro, pero como este no es mejor ni peor que los anteriores y ya he dicho que es el conjunto lo que importa y no de forma independiente, tendré que mantenerme en esa fijación con la que he empezado. Pero os aseguro que la serie entera merece un 10. Y ando impaciente por seguir con los demás libros de la saga. De lo mejorcito que he leído últimamente. Estos dos apuntaban maneras desde el principio y sabía que tarde o temprano me robarían el corazón... y ha sido más temprano que tarde, sinceramente.



