Cut & Run

Cut & Run - Abigail Roux, Madeleine Urban Os doy tres razones para leer este libro:

1) Ty Grady

2) Zane Garrett

3) La química entre Ty y Zane.

Una serie de asesinatos de los cuales se sospecha que sólo una persona es responsable, deja en jaque al FBI al morir dos de sus mejores agentes tratando de resolverlos. Tienen que mandar una nueva pareja para descifrar el misterio antes de que el número de víctimas aumente indefinidamente. Así es como Ty y Zane entran en escena.

Ty Grady es el veterano, lleva años trabajando en el campo para el FBI. No respeta a la autoridad ni a sus superiores ni a sus colegas. Es decir, no responde ante nadie. Pone el mundo patas arriba allí por donde pasa, y nadie le quiere como compañero porque es un arrogante intratable... pero es muy bueno en su trabajo.

Zane Garrett es todo lo contrario a Ty. Trabajador incansable, buen subordinado, formal, ordenado y meticuloso, se toma todo con una seriedad cortante como un cuchillo. Ha sido ascendido desde otro departamento para ser el compañero de Ty Grady y así ganar experiencia en resolver casos difíciles.

Ty ve a Zane como un estirado lameculos.

Zane considera que Ty es un imbécil de primera categoría.

Nada más conocerse, es odio a primera vista, están continuamente midiéndose y calibrando al otro, como dos depredadores en constante desafío acechando en círculo para descubrir los puntos débiles del otro antes de atacar. Tratan de conocer las debilidades del adversario y de sacar a la luz las diferencias que les separan, pero inevitablemente también salen a relucir las virtudes de cada uno y, lo que no pueden concebir, las igualdades que les unen.

En contra de sus deseos, poco a poco se van conociendo y van descubriendo en el otro sus defectos y sus puntos fuertes. Ty está como una cabra, es un cretino que pone motes a todo el mundo, le encanta hacer la vida imposible al resto de los mortales y su actitud beligerante hacia todo ser viviente trae de cabeza a Zane. Pero es un loco con una gran inteligencia, con una gran mente detrás, que funciona a toda potencia, un genio. Le encantan los enigmas y los rompecabezas, lo que le ha ganado una sólida reputación como uno de los mejores agentes federales. Zane es el frío, el controlado, el que siempre mantiene las formas, el que, con resignación y diplomacia (o al menos eso intenta), arregla el desastre que deja Ty tras de sí, pero está lejos de ser el sumiso de la relación. Su especialidad son los detalles, las pequeñas cosas en las que nadie repara y que pueden ser vitales para resolver un misterio. Ambos son machos alpha, con mucha testosterona, y están chocando continuamente (“La senda estrecha, inevitable el choque...” SÍ pudo ser) pero en cada enfrentamiento, en cada discusión y en cada pelea, saltan chispas, que amenazan con hacer saltar por los aires ese ambiente cargado de electricidad. Es un espectáculo digno de verse, con palomitas incluidas.

Su química es... perfecta. No es aire lo que hay entre ellos, oxígeno, nitrógeno ni argón. Es algo explosivo, fácilmente inflamable, pura dinamita. Los elementos químicos que hay entre ellos son inestables y explosivos, como el uranio, u otras sustancias como la nitroglicerina o la goma-2. El ambiente entre ellos está en constante ebullición y nunca se sabe cuándo ni cómo va a detonar. Esa ensayada animadversión, esas pullas constantes medio en broma medio en serio, se transforman en un profundo compañerismo y fuerte camaradería cuando la situación lo requiere, es decir, cuando están en peligro de muerte. Su relación me recuerda muchísimo a la de los Hermanos de J.R. Ward. Parecen enemigos en la seguridad de la sombra, pero cuando salen a la luz forman un frente común para hacer derrumbar cualquier amenaza que se atreve a desafiarles. Sus diálogos tienen miga, tienen chispa y gancho, y el sentido del humor se desborda por los cuatro costados. Puedo decir que me pasé la mitad del libro con una sonrisa indeleble en la cara. Y no conseguía borrármela por mucho que hubiera querido hacerlo. Y no quería.

Las escenas hot son... puro fuego. Zane es adorable y Ty es que es... aceite hirviendo, si me cae encima, ardo. Y si encima les ponemos juntos no encuentran competencia. No tienen muchas escenas de cama, pero las que hay son para enmarcarlas y ponerlas en la pared de tu habitación. Fantásticas. Y aún así, las pullas son la marca de la casa. También sonreía como una idiota en esas escenas.

Es imposible definirlos como estereotipos porque son personajes muy bien perfilados y desarrollados, con múltiples facetas. Muchas veces, cuando empiezo un libro, ya sé por dónde me va a salir cada uno de los protagonistas, cómo van a actuar en unas circunstancias determinadas, no te pillan desprevenida, no te decepcionan, pero te dejan indiferente. Con Ty y Zane es distinto, son imprevisibles y sorprendentes, logran que sigas con ansias cada uno de sus actos, de sus acciones. Me ha pasado más de una vez que, en una situación, esperaba que uno de ellos reaccionase de una forma determinada para luego sobresaltarme con su respuesta o con descubrir que es el otro el que responde con el efecto esperado. Son personajes con cuerpo y con alma, y con una personalidad arrolladora, que se definen por sí mismos, que reescriben el concepto de protagonistas carismáticos y rompedores y que dan una lección de maestría de cómo hay que dibujar a unos personajes inolvidables y imperecederos. Sientan precedentes como pocos.

Por separado ambos son un desastre. Zane es viudo, alcohólico y adicto. Tratando de alejarse de su pasado, se dejó llevar por la bebida y las drogas... para luego no volver a probar gota ni sustancia conocida. Caer sería volver en el camino a la perdición. Parece el fuerte, el chico bueno, pero es más bien al revés, es más “chico malo” que Ty, incluyendo la chupa de cuero y una moto rugiente entre las piernas. Con pesadillas en su interior.

Ty es un ex–Marine, y su comportamiento en la sociedad y en el trabajo es aquel de un desequilibrado mental y un hombre que combate con sus propios demonios… pero la sorpresa que me llevé al descubrir que es más estable que Zane. Tiene las cosas claras en esa mente que parece un caos. Su debilidad son las mujeres y las relaciones de una sola noche. Algo que no le cuesta dejar de lado cuando su relación con Zane se va consolidando. Siempre está metiéndose con Zane y le llama de todo menos por su nombre, pero tiene momentos de vulnerabilidad que te desarman. Se preocupa por su compañero de una manera muy tierna e inesperada. Se da cuenta de que Zane le necesita, y mucho. Ty me tiene en el bote.

Lo más curioso de todo es que en algunos momentos piensan que ni siquiera saben si el otro le cae bien. Están en todo momento en una aparente y continua enemistad, con una atracción innegable que no saben cómo resolver como no sea en la cama, que parece que es el único sitio en que están de acuerdo. Ambos actúan como si el otro no tuviese importancia, como si no fuera alguien esencial en sus vidas, disimulando y tratando de ocultar sus sentimientos. Pero a la hora de la verdad... ambos saben que quieren estar juntos.

Esta es una carrera de fondo, su relación empieza como un hilo frágil que les une y lentamente se va estableciendo un puente entre ellos, cada vez más seguro y estable. Comienzan como dos desconocidos dispuestos a odiar al otro, y en ese odio visceral nace una pequeña chispa que paulatinamente va ganando fuerza y les va acercando. En el primer libro las cosas no terminan asentadas en absoluto, ni siquiera en el segundo. Hay que leer toda la serie para presenciar cómo consiguen poco a poco superar sus diferencias y abrirse al otro para permitir un acercamiento que, cuanto más se profundiza, más se necesitan.

Últimamente me ha dado por la homoerótica, soy de la generación Nut, esa autora que me enamoró con su pareja de Juegos de seducción, Karel y Noel. Esta pareja, Ty y Zane, Zane y Ty, ha conquistado un lugar en mi corazón que se acerca mucho a esos dos. Recomiendo esta serie a las que les gustaron Nut y también a las que les gusta la Hermandad de la Daga Negra. No os prometo que os gustará tanto como a mí pero... merece la pena intentarlo. Eso sí que lo juro.

Por eso, la nota que le doy al libro es un 9. ¿Sólo? ¿Por qué? Porque el libro no es redondo. Pero la serie sí. Podría darle un 10 a la saga fácilmente. Ya iré comentando las lecturas de los siguientes libros de la saga de Cut and Run. Cada libro es un poco mejor porque los vas conociendo cada vez más. Una increíble aventura con emociones sin fin, una montaña rusa. No os la perdáis.