El sueño imposible

El sueño imposible - Paullina Simons “El sueño imposible” es el primer libro de la autora y creo que empezó con muy buen pie. Pero antes de éste, leí “El jinete de bronce”, al que yo consideré un duro contrincante para poner nota. Sin embargo, los hechos hablan por sí solos y no puedo encontrar comparación alguna entre ambas obras.

Tully no es una protagonista normal, no es la heroína del libro, sino la “antiheroína”; no es amable, ni tierna ni inocente, no es nada de aquello que caracteriza a las mujeres de otras novelas. Es un personaje fuerte, sí, pero esa fuerza a menudo la lleva a alejarse de los que más la aman, esa ausencia ante todo la lleva a ser infeliz y a desear cosas imposibles, cosas contradictorias e inalcanzables... A pesar de todas las adversidades que se le ponen por delante, siempre tratará de cumplir sus sueños, muchas veces sus decisiones la llevan por derroteros que la destruyen, la debilitan, pero ella es dura como una roca, y siempre se levanta, siempre sale adelante, siempre trata de superar o de olvidar su pasado, siempre ignora la mano que le tienden, siempre quiere salir del agujero por sus propios medios. No permite que nadie le ofrezca su ayuda y no permite que nadie la conozca, desea confundirse entre la masa de gente, permanecer en el anonimato, entre personas desconocidas que no sepan de su pasado, de ese turbio pasado que condicionó su forma de ser, y de sentir.

Cada trauma que tuvo que padecer de niña la acompaña en su camino hacia la madurez. Una vez que aceptamos un hecho que tuvo que sufrir nos sorprende con otro aún más duro y aún más perturbador que el anterior. A pesar de su incapacidad para devolver amor, ternura o calor humano, siempre hay alguien allí luchando por ella, aquellos que la aman en silencio o, al contrario, sirven su amor ante sus ojos. Pero ella, aunque percibe esos sentimientos, no los aprecia, no los corresponde, porque no puede y porque no quiere hacerlo. Desea ser una persona diferente y escapar de todo lo que la persigue, de su vida, de su pasado, de su familia, de todos los que constituyeron su entorno a lo largo de los años. En su empeño por escoger el rumbo a seguir, en su terquedad, arrastra a los demás con ella. A veces no sabemos si sentir más compasión por ella o por los que están a su alrededor.

Natalie Anne Makker, o Tully, tiene la etiqueta de chica fácil escrita en la frente, pero eso no puede estar más lejos de la realidad, porque es una persona realmente complicada. Es una auténtica pendón, implacable con sus conquistas, insensible con sus enemigos, leal con los que realmente ama, y totalmente indiferente en todo en cuanto a ella se refiere. Es la chica atractiva de los bailes sensuales y las ropas ajustadas, la chica que no duda en subirse al coche de cualquier tío dispuesto a ello, la chica que al volver a casa sabe que le espera tensión, amargura e incluso un golpe que le destroce la cara. Padece de insomnio, apenas duerme unas horas, y cuando lo hace, sus sueños siempre la acosan, pesadillas que confunde con la realidad y de las que no puede huir. No se siente capaz de sentimientos, pero sí que los tiene, sentimientos hacia sus amigas, sentimientos hacia los hombres, sentimientos hacia sus padres... Confusos, extraños, difíciles, tan extraños y difíciles como lo es ella, de carácter esquivo y confuso, una contradicción para ella misma.

En un principio, al abrir el libro, no encontramos nada de amor, nada en absoluto. Vemos la amistad, el dolor, los recuerdos, los sueños, el deseo de dejarse llevar, la tendencia a la autodestrucción... El amor se caracteriza por su ausencia. Sin embargo, más adelante, no vemos nada más que amor, impregnado en cada una de las páginas que van pasando por nuestros dedos. Estoy muy frustrada porque no consigo plasmar lo que he sentido con este libro, no consigo captar su esencia, ni lo que me ha hecho sentir. Es una historia totalmente diferente, no sólo por la historia en sí, sino por la manera de llevarla. Conocemos a los personajes desde su raíz: sus deseos más ocultos, sus pensamientos más inquietantes y sus sentimientos tan confusos y perturbadores... Conocemos a los personajes sobre todo por lo imperfectos que son, por lo humanos que son, por los fallos tan garrafales que cometen, por sus peores reacciones ante la adversidad, ante el amor o ante la amistad.

La amistad... es uno de los grandes temas de esta novela, uno de los sentimientos más bonitos del libro pero también uno de los más dolorosos. Su relación con su mejor amiga Jennifer, la única amiga verdadera que tiene y la única persona que ama, lo es todo para Tully, todo en una vida disoluta y destrozada, su futuro, su pasado y su presente, todo ligado a ella. Pero esta relación tan profunda condicionará sus vidas de un modo tan intenso hasta el punto de alcanzar la obsesión.

El otro gran tema es, por supuesto, el amor. Aquí se muestra de muchas formas, y de ninguna. En un principio no vemos nada de amor. No voy a decir nada de lo que sucede en el libro, porque la sorpresa es uno de los mayores dones que nos otorga. Ni siquiera voy a decir el nombre del hombre del que, finalmente, se enamora. No voy a contar todo por lo que tiene que pasar este hombre, ni esta mujer, para lograr por fin la felicidad. No voy a decir lo que sufre este hombre, lo que tiene que sufrir esa mujer para darse cuenta de que le amaba desde el principio, porque a ese hombre le conoce desde siempre, y ese hombre posó sus ojos en ella y no los volvió a despegar. No concibe otra vida, no quiere otra mujer.

La novela está ambientada en la América profunda de los 70 hasta principios de los 90. Desde que Tully tiene 17 años hasta cumplir los 30. La historia se teje en torno a una ciudad en el estado de Kansas, Topeka, entre campos de maíz, institutos, fiestas y trabajos de verano para pagar la matrícula de la universidad. Más adelante, la universidad, las cafeterías, el trabajo, el matrimonio... Hay novios, ligues, amores platónicos, maridos, amantes... Hay continuas referencias a libros, películas o grupos musicales que estuvieron muy en boga, e incluso fragmentos de canciones u obras literarias. Algunos de esos mensajes sirven como predicciones o avisos ante lo que sucederá posteriormente, avisándonos del futuro, preparándonos para lo que va a acontecer.

No sé muy bien cómo definir esta novela. Es nuestra Paullina en estado puro, sí, pero no encaja en ningún molde que haya visto antes. Su estilo es inconfundible: su forma de escribir, de describir hechos y recuerdos dolorosos, extraños, humanos, tan humanos que no sabemos cómo reaccionar ante tanto horror o sufrimiento... Esta autora escribe historias muy tristes y muy intensas, pero muy bonitas, con una pizca de nostalgia y dolor, siempre con algo por lo que encogerse el corazón ante cada una de las páginas. Una vez que empiezo una sus historias, sé que me va a atrapar, cautivar y pensar en ella durante días, con la mente rondando en torno al libro y sus protagonistas, tan profundos, tan humanos, con tantos fallos y tantas cualidades...

Paullina me sorprende con cada libro. Creo que es algo inherente a ella y que nunca dejará de cautivarme. No conozco una escritora que me haga sentir ni emocionarme como ella, con su capacidad para plasmar tanto acciones como pensamientos, sentimientos y hechos, resultando un conjunto que podría llamarse obra de arte. Me encanta su forma de escribir, su capacidad de provocarnos emociones, de describirnos sentimientos, de conseguir que conozcamos tan bien a los personajes que nos parecen tan humanos y tan imperfectos que les amamos por ello. La autora nos muestra el lado más crudo del ser humano, adapta el lenguaje y la estructura a la forma de pensar y sentir de nuestra protagonista, Tully. Una protagonista fuerte y endurecida por la adversidad a lo largo de su vida, que aprende de sus acciones a fuerza de golpes, que comete tantos fallos y tan grandes, que ha sufrido tantas veces y en tal medida, que ha reaccionado tan mal y de forma tan inevitable... Su forma de ser y su forma de pensar, de sentir y de no sentir, la conducen a situaciones tan desgarradoras como emotivas, pasando por muchos baches y dificultades, porque el camino es largo y duro... pero al final... al final del todo, está el paraíso.

Finalmente, para acabar, voy a poner un aviso. Estoy segura de que no soy nada imparcial en cuanto a esta autora se refiere. Considero a Paullina una gran novelista, la considero también en otro nivel, ni mejor ni peor, simplemente, otro nivel. Lo siento, pero no puedo resistirme, no soy inmune a Paullina y tampoco quiero serlo.

Este libro me ha gustado de forma diferente a “El jinete de bronce”, no me ha parecido ni mejor ni peor, sino distinto.

Paullina es una maestra en el arte de plasmar sentimientos. Me quito el sombrero.