Noches blancas de París

Noches blancas de París - Theresa Révay “La suerte no es amiga de los tibios. A la suerte hay que provocarla, conquistarla. En una palabra, hay que merecerla, lo mismo que la cruz de San Jorge en el campo de batalla. Xenia Fiódorovna Osolin no podía verse de otro modo: ella era una conquistadora.”

El libro comienza así pero las frases épicas y memorables no acaban ahí, si esa frase ya es para enmarcarla ni qué decir de lo que vendrá después, no tiene desperdicio alguno.

Esta novela no es una historia de amor propiamente dicha, pasan muchos años hasta que ambos protagonistas se encuentran, más bien parece que llevan vidas separadas, y vamos vislumbrando episodios de forma alternativa de cada uno de ellos. Sin embargo, esas páginas son importantes para comprender el desarrollo de los personajes y, sobre todo, del carácter que impregna la relación de ambos protagonistas, de todo lo que han vivido y les toca sufrir. Tenemos a Xenia por un lado, a Max por otro.

Xenia Osolin no sospecha que su vida dará un giro de 180 grados aquel día de febrero cuando cumplió quince años. La guerra se fraguaba en Europa y centenares de rusos morían al día. Pero nada de eso preocupaba a Xenia Fiodoróvna Osolin. Hasta que la Revolución Rusa entra por sus puertas y asesinan a su padre, el día que cambiaría el rumbo de un país y del mundo entero. Ella es la joven condesa, conoce a las grandes duquesas y se codea con la crème de la crème de la sociedad. Su fuerte carácter y gran belleza atraen a más de un desafortunado que no se atreve a afrontarla. La despreocupación y la opulencia inundan su vida, tiene de todo y más de lo que necesita y todo lo que tiene lo perderá: su país y gran parte de su familia, y su juventud y felicidad, robadas. Gracias a su fuerza y tenacidad consigue salir de una cruenta guerra civil embarcándose rumbo hacia lo desconocido, con sus dos hermanos menores, su madre enferma y su fiel Nianiushka como una pesada carga para cuidar. Tío Sasha queda atrás luchando con el ejército blanco, aunque consigue llegar a Francia, derrotado y desesperanzado. Pero las promesas de un futuro cómodo y seguro en París se desvanecen, rozando la miseria y la desesperación, malviven en un ático, con exceso de trabajo y más de un problema económico. Son los exiliados, los inmigrantes, aceptados con conformidad por los franceses gracias a la gran fama de la moda y alta costura rusa.

Max von Passau es un alemán con inclinaciones artísticas, fotógrafo, y vive al máximo los felices años 20, a pesar de la brutal inflación y la derrota en la guerra, él y sus amigos y disfrutan de los amores y la amistad. Es entonces cuando conoce a Sara Lindner, que trabaja para la empresa de moda de su padre, y se enamoran. Es un amor apasionado pero efímero, porque cuando Max viaja a París para una exposición, se cruza por casualidad con la loba blanca, Xenia, una mujer consumida por el peso de la existencia y desesperada por encontrar a su hermana Masha, con la que ha mantenido una de tantas discusiones y que esta vez sí que cumplió su amenaza: irse de casa y desaparecer. Se separan apenas sabiendo sus nombres en aquel café de París, el café de la Rotonde, y hasta un tiempo después no se vuelven a encontrar.

La vida empieza a sonreír a Xenia cuando un conocido modista le echa el ojo en el taller donde trabaja como costurera para Coco Channel, y entonces, empieza a desfilar en las pasarelas, llegando a ser una conocida modelo. En su visita a Berlín, sus ojos se vuelven a cruzar con los de Max, y su historia, con continuos encuentros y desencuentros, vuelve a despegar.

Es así como estas dos ciudades aparecen entrelazadas, presenciamos indistintamente la vida en París y en Berlín, dos marcos diferentes para el desarrollo de un proceso que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial. Pero no sólo les separa las diferentes nacionalidades. Xenia es una mujer fría, egoísta e intransigente, cuesta empatizar con ella desde el principio, porque su actitud es completamente contradictoria. Se enamora de Max pero le hiere continuamente, no se rinde a la evidencia de su amor porque su mayor pecado es caer en la vulnerabilidad. La vida la ha curtido a fuerza de golpes cargando con el destino de toda su familia: su madre, que murió durante la travesía, su alocada hermana Masha, el encantador Kirill y su fiel nana, desgastada y sola en el mundo. No puede permitir entregarse por completo al único hombre que ha podido conquistarla, por fuera y por dentro, por eso se aleja de él en numerosas ocasiones, pero la fuerza del destino siempre los vuelve a unir. Max, por su parte, sí que está seguro de su amor, pero la coraza de hierro de Xenia le impide llegar a ella y siempre termina herido y cada vez le cuesta más sanar y recuperarse. Es una historia, por tanto, de encuentros y desencuentros, una historia azarosa. En un momento dado ella dice no sin amargura que “es lo que mejor se les da hacer”.

Esa novela no es una historia de solamente dos personajes, pues muchos aparecen bamboleados por el capricho del tiempo y los hechos que se suceden en una Europa convulsa por los cambios bruscos y violentos, las revoluciones, la pobreza y la alta costura parisina, que aquí ocupa un lugar muy importante. Empezamos por la Revolución Rusa, pero luego presenciamos los felices años 20, la depresión de los 30, la subida de Hitler al poder y las libertades cada vez más restringidas de los judíos, hasta desembocar en una guerra en la que empezaría la pesadilla de los campos de concentración, el hambre, las armas cada vez más mortíferas y el sistema nazi, con los discursos de la “guerra total” y el miedo cada vez más exacerbado ante los rumores de la brutalidad de los comunistas que estrechan más y más el cerco a Berlín. Y lo presenciamos todo de manera muy veraz desde el punto de vista de cada uno de los diferentes personajes: Kirill, joven soldado, al recibir la noticia de la rendición de Francia, se une a la Resistencia liderada por De Gaulle, Xenia protege a los hijos judíos de Sara mientras su marido se convierte en uno de esos comprometidos colaboracionistas, deslumbrado por la eficacia del sistema de Hitler; Max representa al rebelde, el que se resiste a los ideales del nazismo y Sara Lindner y su familia, a una de tantas víctimas de los campos de concentración por su condición de judía. Marietta, la hermana de Max y esposa de uno de los grandes del nazismo, disfruta de la exuberancia y notoriedad hasta que ve el crimen que ha cometido al no proteger a su hijo de unos valores deshumanizados y unos ideales absurdos y sin sentido.

Es un libro muy completo, no sólo toca la historia de Francia y Alemania, también trata la de Rusia y de refilón se comenta la Guerra Civil Española, los conejillos de Indias de los comunistas y de Hitler para sus próximas guerras. Y entre todo este caos, Xenia Osolin pasa por pruebas muy duras, hasta descubrir su mayor error, y es allí cuando ya empezamos a sentir empatía hacia ella, cuando la comprendemos y entendemos sus motivos y sus errores más garrafales, y se convierte en la heroína absoluta al viajar a Berlín y declararle su amor y pedir perdón, humillándose, al hombre al que ama por encima de todo, mientras las bombas desfilan con perfecta sincronización sobre los tejados de Berlín. Una imagen preciosa que guardaré para el recuerdo. Siempre. “Cuando una mujer viene a decirle a un hombre que lo ama, los ángeles vigilan”.

Es una protagonista muy comprometida, pero memorable, porque es humana pero egoísta, siempre piensa en su familia pero incluso ellos la tachan de egoísta, lo hace por deber y sabe que ella es la que tiene que sacarles adelante, muy a pesar suyo y de los demás. Pero mientras se construye esa fortaleza impenetrable también impide que las emociones más puras lleguen hasta ella y no puede permitir que eso ocurra. Max es un idealista, tiene claro lo que quiere y sabe que, desde el momento en que la vio, su vida le conduciría a la perdición y que había encontrado a la mujer de su vida, sólo que ella no quería serlo. Para mucho, mucho tiempo hasta que encuentran el equilibrio, y lo consiguen varias veces, pero son instantes robados a la guerra y todo lo que les separa les impide estar juntos.

Cuando yo leo un libro, no solamente me fijo en los personajes o en la ambientación, no puedo evitar valorar al autor por el modo de narrar, describir y llevar la trama, y además de eso, el lenguaje que utiliza, que es maravilloso, esas frases épicas que le salen con sólo chasquear los dedos y esa manera de explicar constantemente verdades universales pero sin alejarse de la acción ni de la trama ni de los personajes. En fin, es una autora de primerísima calidad, una narradora nata, resulta todo de manera tan natural que apenas se puede destacar nada, pero si me quedo con un momento, uno solo, elegiría aquel en el que Xenia se declara a Max, aunque el final es perfecto también. Es un libro para disfrutar y para saborear, para sufrir y para sentir. Un libro totalmente recomendable y cuya continuación, “Todos los sueños del mundo”, colma y sobrepasa también todas mis expectativas.