Days of Blood & Starlight

Days of Blood & Starlight - Laini Taylor “Érase una vez un ángel y un demonio que se enamoraron. Pero su historia no tuvo un final feliz.”

Quien piense que la literatura juvenil es sólo para adolescentes, es que no se ha leído este libro. En el primero me conquistó Akiva y me conquistó Karou, me conquistó el mundo conocido y el mundo por conocer, me conquistaron las quimeras y los ángeles, y sobre todo, me conquistó la guerra entre las quimeras y los ángeles y ese amor que nació en ese odio inmemorial.

Aquí no hay ese amor.

Aquí hay amargura.

Aquí hay desesperanza.

Aquí hay dolor.

Aquí hay sangre.

Pero también hay luz de estrellas.

“Érase una vez un ángel y un demonio que se enamoraron, que se atrevieron a imaginar una nueva manera de vivir… una sin masacres y sin gargantas desgarradas, sin renacidos o ejércitos de bastardos o niños arrancados de los brazos de sus madres para tomar su turno en la matanza y la muerte.

Una vez, los amantes yacían juntos en el templo secreto de la luna, y soñaron un mundo que era como una caja de joyas pero sin joyas… un paraíso esperando para que ellos lo encontraran y que lo llenaran con su felicidad.

Este no era ese mundo.”

Los ángeles arrasan Eretz. Las quimeras son diezmadas por doquier. Hay sangre, guerra, y sangre. Pero un ejército renaciente de temibles monstruos está resurgiendo de sus cenizas. Resurgiendo del humo y del hueso y del dolor. Literalmente.

Akiva.

Akiva vuelve a estar vacío. Otra vez. Encontró la esperanza un instante y volvió a sumergirse en el vacío. Vengó a Madrigal. Hirió a Karou. Si ya no puede luchar por ella, luchará por los suyos. Por los que viven bajo el yugo de los ángeles, luchará por sus hermanos bastardos, luchará por la libertad y la paz. Conoceremos mejor a Akiva, sus pensamientos, sus motivaciones, sus ideas y sus deseos. Le conoceremos como un personaje más profundo, más completo, con más alma que en el primer libro. No sólo será el ángel que se desvive por Karou. Será un guerrero, será la raíz de una revolución, será el principio del fin. Un fin que ya estaba llegando pero que desea acelerar lo máximo posible.

Karou.

Karou también desea acelerar ese fin, pero luchando en el bando contrario. Mientras que Akiva sólo piensa en acabar con la tiranía de su padre, Karou pretende ganar la guerra de una vez por todas. Pero ya nada tiene sentido. Ella también fue una guerrera, pero fue traicionada por los suyos y ya no ve las cosas en blanco y negro. La línea se difumina. Los grises se confunden. Se cuestiona las verdades y las mentiras, se cuestiona qué merece la pena y qué no. Pero mientras tanto, de su dolor nacen nuevas quimeras porque… Thiago la encontró.

Thiago.

Thiago es un personaje que pone los pelos de punta. Es la prueba fehaciente de que, ni los buenos son muy buenos, ni los malos son los únicos malos. Es un tirano a la altura del emperador de los ángeles. No duda en utilizar la mentira y la manipulación y el chantaje y cualquier subterfugio para lograr sus propósitos. En apariencia amable y solícito, en realidad mezquino y traicionero. No es su intención proteger a las quimeras, sino matar a los ángeles. No piensa en los civiles. Sólo en los guerreros. En todo momento estamos alerta, esperando su golpe, porque sabemos que atacará, pero nunca sabiendo cuándo va a llegar. Cobró su venganza en el pasado, pero no parece suficiente, algo en su mirada, en su forma de actuar, en sus palabras… anuncian un movimiento inminente. La muerte no es suficiente para él. Ha muerto muchas veces. Y Karou tampoco nació ayer. La muerte es un castigo demasiado efímero. La muerte no aporta suficiente satisfacción. Y como necesita a Karou, la muerte no es una opción.

Por el momento.

Kirill.

Kirill es una quimera de la tribu de Karou, el último soldado que mantiene su carne original. El único que no ha conocido el dolor, ni el hamsas, ni el humo ni el hueso. Kirill está enamorado de Karou. Kirill parece un personaje más, que permanece en un segundo plano. Pero cobra una importancia creciente a lo largo de la trama. Vital para el final de este libro. Vital para la continuación del siguiente.

Zuzana.

Nos volvemos a encontrar con los amigos de Karou, Zuzana y su novio. La única nota de humor del libro. El único atisbo de color en el mundo gris y deprimente de Karou. Nos da unas cuantas risas, una nota de alegría entre tanto dolor.

Hazael y Liraz.

Hazael y Liraz, los hermanos bastardos de Akiva. En el primero sólo les conocíamos como los guerreros que le despreciaron por atreverse a amar a una quimera. Pero fue mucho más que eso. Fue más bien por dolor ante el descubrimiento de una verdad que no sabían, una verdad que les fue ocultada, más que por el rechazo y el odio. El rechazo y el odio lo sienten ante la sangre derramada de sus hermanos, la sangre que se derrama por el imperio. Por un padre que no les reconoce, por un padre que no les otorga derechos. Empuñarán sus armas para acabar por su reinado. Para conseguir la libertad.

Me ha encantado este libro. Entero.

Me ha encantado ese ambiente gris y deprimente que te deja con un agujero negro en el estómago. Me ha encantado el tono de la narración, como un cuento, como una leyenda, como una historia contada a la luz del fuego. Con magia. Me ha encantado esa intensidad, esa sensación de que me faltaba el aliento, de que en ocasiones no podía respirar ante tanta emoción. Me han encantado los golpes de efecto, los ataques sorpresa, las revelaciones, los descubrimientos. Me ha encantado quedarme con la boca abierta a medida que avanzaba con la historia. Me ha encantado su originalidad, su pasión y su intrigante trama.

Laini Taylor sí que sabe escribir.

He escrito la crítica con este esquema porque hay muchos personajes, y muy pocas veces les encontramos en el mismo escenario. Cada uno de ellos cobra vida propia y toman la batuta durante unas páginas para cedérsela al siguiente en el capítulo que le sigue. Pero es una lectura ágil, que te anima a seguir. Te anima a seguir las aventuras y desventuras de un amor tan desgarrador como el de Karou y Akiva. Un amor que merece un final feliz, después de tanto dolor, tanta traición y tanta pérdida. Madrigal estaba salvando almas en el campo de batalla cuando encontró a un ángel de ojos naranjas cuya sangre se derramaba en el polvo y la carne. Y ahí empezó todo. Luego vinieron el amor y la esperanza, los sueños y los deseos. Y luego la muerte y la venganza. Y el dolor. Y el rechazo. Y el arrepentimiento. Es una historia que te hace sentarte en el borde de la silla ante la impaciencia, la expectación, que te hace saltar de alegría en los momentos culminantes pero también sufrir cuando ese momento tarda en llegar. Es una historia que merece la pena leer, aunque sólo sea para presenciar eso, esa atmósfera mágica y especial. Ese tormento y esa pasión anhelante.

Quien piense que la literatura juvenil es sólo para adolescentes, es que no se ha leído este libro.

En este segundo libro me volvieron a conquistar, me conquistó Akiva y me conquistó Karou, me conquistó el mundo conocido y el otro mundo que ya conocemos, me conquistaron las quimeras y los ángeles, y sobre todo, me conquistó la guerra entre las quimeras y los ángeles y ese amor que nació en ese odio inmemorial y que sigue en el odio... pero que te hace mantener la esperanza de que ese mundo que se atrevieron a soñar… por fin llegará.