The Reckoning: Book Two of the Taker Trilogy

The Reckoning: Book Two of the Taker Trilogy - Alma Katsu Adair busca encontrar a Lanore a toda costa. Lanore está dispuesta a hacer cualquier cosa para evitarlo.

Esta es la continuación de un libro que me fascinó el año pasado, Inmortal. Por aquel entonces pensaba que esa novela era autoconclusiva y me dejó al final un montón de preguntas que necesitaban respuesta desesperadamente. No dejaba de darle vueltas, de tanto que me marcó aquel libro. Viéndolo en perspectiva, puedo ver que cada volumen de esta trilogía va siendo paulatinamente menos oscuro, cada vez más mágico y cada vez más romántico. Mucho más romántico. No es una novela romántica en el estricto sentido de la palabra aunque poco a poco me voy dando cuenta de que muchos de mis libros favoritos tienen tintes mixtos entre varios géneros. Cuando leo, no busco una novela contemporánea, una novela histórica o una novela paranormal. No. Busco una novela que me llegue, que me deje sin aliento, busco una novela en la cual, cuando la termino, siento que nada de lo que pueda leer puede superarse a ella. Puede ser un sentimiento ficticio o demasiado efímero pero necesito buscar eso en un libro.

Si tenemos que resumir el planteamiento del libro basta con citar un párrafo del mismo de las primeras páginas:

“De todos modos, el día llegaría y podría hacerle pagar por su traición. Él le había dado libertad sobre todos los demás súbditos debido a sus sentimientos por ella, y ella se había aprovechado de su generosidad. Y, aún más todavía, ella le había traicionado en favor de Jonathan, un hombre demasiado egocéntrico para devolver su amor. Adair la había amado, sinceramente, pero aparentemente su amor no había sido suficiente para ella. Por tan grave error, la muerte no parecía un castigo poco razonable, y seguramente ella lo veía venir cuando tomó su decisión. Pero él no terminaría su vida inmediatamente. A pesar de que la satisfacción que le otorgaría sería inmensa, esta sería demasiado breve. Él conseguiría mucha mayor satisfacción alargando el castigo, haciéndole infernal cada día y dándole tiempo de sobra para arrepentirse de su estúpida decisión.”

Por supuesto, el libro tiene 343 páginas y la percepción que tiene Adair de Lanore va cambiando.

Pero no tiene sentido discutir el argumento del libro. Su punto fuerte no es precisamente la historia en sí, que es muy buena, sino la manera de desarrollarla. No tiene precio.

Adair es uno de esos protagonistas carismáticos que dejan huella y que pocas veces quedan en la memoria de los lectores. En la novela romántica, con tantos héroes con la marca de macho alfa recién salidos de la fábrica, es difícil que queden para siempre en los anales de la Historia y sólo unos pocos quedan imborrables, como marcados a fuego en la mente: Aleksandr Belov, Jamie Fraser, Rhett Butler son algunos que podemos mencionar. Adair es uno de ellos. Pero no es un héroe. Es el antihéroe por excelencia. Para mí siempre será mi psicópata favorito. Es increíble la fuerza que ha conseguido darle la autora a este personaje, resultando atractivo y seductor, pero temible al mismo tiempo.

Conocimos a Adair por primera vez en Boston como un personaje con una presencia arrolladora. Era como si en cada ocasión que aparecía en escena faltase aire en la habitación, como si el ambiente se cargase de electricidad, como si esa reacción primitiva de tener los pelos de punta fuera una respuesta no sólo lógica y adecuada sino inevitable ante el estímulo que representa su nombre o su voz o simplemente, el estar ahí. Es un personaje que interviene incluso cuando no está hablando. Un personaje cuya pasión y locura se transmite a todos los demás. Un personaje oscuro y con sombras, un personaje maldito. Ese personaje tiránico y voluble, misterioso, seductor y decadente, traicionero, es un psicópata y un sádico, un ladrón y un asesino... Un personaje que no se rige por las leyes de los hombres y por ninguna ley ética o moral. Pues ese personaje que inspiraba miedo con sólo respirar, ese personaje que Lanore teme por encima de todas las cosas pero al cual, sin embargo, termina amando... vuelve a aparecer en este libro, pero distinto.

Es él mismo otra vez, pero cambiado. Sigue siendo la misma persona, pero diferente al mismo tiempo. Tenemos la oportunidad de verle más humano, más hombre. La palabra que buscaba: más mortal. Si en el primer libro le veíamos como un ser inalcanzable, como de otro mundo, inexpugnable como una torre, invencible como un dios, aquí también podemos ser testigos de sus luchas internas, sus contradicciones, sus puntos débiles, sus miedos y sus necesidades. Odia a Lanore. La odia por entero por lo que le hizo. Pero al mismo tiempo descubre que no puede vivir sin ella. Forzó a Lanore para que le amase, tratando de controlar aquello que no se puede manejar con la simple voluntad. Ama a Lanore y necesita que ésta le ame a él. Al fin y al cabo, es sólo un hombre aunque parece mucho más. Está hecho de carne y hueso, aunque muchos jurarían que no tiene corazón. “Mi última palabra para aconsejarte, Adair. Quieres el amor de Lanny – sé que lo quieres, y está bien que lo hagas. Pues nadie jamás te ha amado, Adair. Ni tus así llamados amigos, ni tu familia. Ni siquiera tus acólitos. Es posible que seas la única alma de toda la creación que nunca ha sido amada. La única alma no amada de la historia de la humanidad. Lanny es tu última oportunidad, Adair”.

Lanore es, según las palabras de Adair “una mujer con una gran capacidad de amar”, incluso de amar a aquellos que no se pueden amar. Esa joven que encerró a Adair vivió dos siglos en estado constante de soledad y miedo, y dolor por la pérdida de su gran amor Jonathan. Es la presa que sabe que su cazador está cerrando el cerco, sabe que es débil y que Adair le va a alcanzar, le siente acercándose y ella va a agotar todos sus medios para conseguir el fin: evitar que Adair la atrape. A pesar de todo, por fin reconoce que ama a Adair, pero es un amor mezclado con el miedo: “Había sido Adair todo el tiempo, no Jonathan. Adair, el monstruo, era el que yo había amado todo el tiempo”.

El libro está ambientado la mayor parte en tiempo presente. Reaparecen personajes del primer libro esenciales para la historia. Cuando Lanore siente que Adair es libre, viaja por el mundo para buscar ayuda en otros inmortales. Al mismo tiempo, Adair va reuniendo a su séquito. Con el transcurrir de las páginas nos reencontramos con el zalamero Alejandro, la calculadora Tilde, el falso Jude y... uno muy inesperado. Aparecen algunos personajes nuevos o que sólo se mencionan de pasaba en la primera novela, como el pusilánime Savva o Pendleton, el empresario que se une a las filas de Adair. Al mismo tiempo, también se incorporan de vez en cuando algunos episodios de memorias de los protagonistas, tanto de Adair como de Lanore.

Con Adair tenemos ocasión de ver cómo descubrió muchos de sus hechizos y pociones secretas, cómo consiguió sus dos libros de alquimia y magia, cómo consiguió hacerse inmortal y cómo fue poco a poco apropiándose de la sabiduría de los expertos y cómo fue dejando un reguero de asesinatos a su paso, cómo no siente remordimiento alguno para lograr aquello que busca con tanto ahínco: el conocimiento. Adair no busca la fama ni la riqueza, ni la notoriedad, ni ser leyenda. Sólo busca saber, tiene alma de científico y quiere desentrañar los misterios de la vida y la muerte, del universo. No tenía mayor razón de vivir, no tenía escrúpulo alguno para alcanzar sus metas... hasta que llega Lanore.

Con Lanore, en cambio, las experiencias vividas están teñidas de tristeza y melancolía. Si hay algo que no soporta, es estar en soledad. Tras el amargo abandono del gran amor de su vida, Jonathan, sólo sigue en pie porque sabe que él está ahí, en algún punto del planeta. Su existencia está vacía a pesar de sus múltiples amantes, amistades y viajes por todo el mundo. Y siempre vive bajo un miedo continuo: sabe que Adair no estará encerrado para siempre, y cuando se libere, su propio fin llegará...

Si tengo que buscar una autora parecida a Alma Katsu sería una tarea ardua y difícil. Es una de esas autoras que parece que tienen un don especial. Es como si al escribir el libro estuviera dando lo mejor de sí misma pero, al mismo tiempo, estuviera reservándose su talento para más adelante, como si tuviera tiempo y habilidad de sobra, como si sólo mostrase una parte de su esencia, aunque leyendo el libro se puede decir que eso no es cierto, la autora ha puesto su alma en cada detalle y en cada línea. En cada palabra y cada párrafo. Es una de esas autoras que piensan antes de escribir, que son capaces de meterse en cuerpo y alma en cada uno de los personajes y saber con claridad meridiana qué escribir de cada uno de ellos, cómo y cuándo. Se pueden encontrar, sin embargo algunas musas en las cuales se ha inspirado: Anne Rice. Ese ambiente gótico, esos personajes depresivos y autodestructivos, con esas dudas existenciales y esa vida eterna y en soledad... También me recuerda un poco a Myriam Chirousse con su libro Vino y miel, con ese don de la palabra, la fatalidad de las vidas de los protagonistas, que parece que luchan contra el destino pero, finalmente, se rinden a él, cual héroes de novelas románticas del s. XIX.

En pocas palabras: Lanore y Adair son una de las parejas más seductoras, hipnotizantes y fascinantes que he leído. Están hechos el uno para el otro de una manera completa, complementaria y absoluta. Por mucho que traten de evitarlo, por mucho que luchen contra ello, sus destinos están y estarán entrelazados hasta el fin de los tiempos.

Pocas sagas han conseguido atraparme y cautivarme de esta manera.